miércoles, 18 de julio de 2012

Los artistas y la peligrosa creatividad de Petán Trujillo 2


Los artistas y la peligrosa creatividad de Petán Trujillo 2/3

Por: José Tobías Beato - Ensayista

Albert Beltrán es quizas, el mas destacado artista que surgió al amparo de Petán Trujillo

En La Voz Dominicana destacó al frente de la superorquesta "San José" Vinicio Franco (1933), merenguero con una excelente voz para el género. Su primera grabación la hizo con la orq. de A. Morel, que fue "Apágame la Vela", popular ritmo de Bienvenido Brens. Luego fue intérprete insuperable de algunos de los más famosos merengues trujillistas. Sin embargo, a él tocó el honor de cerrar musicalmente la llamada "Era de Trujillo". Primero con "Mataron al chivo", identificación del dictador, cuyo cadáver fue arrojado en el baúl del carro de uno de sus matadores, como animal sacrificado en plena carretera. Y luego, en las navidades de ese año (1961), todo el pueblo entonó festivamente el merengue "Navidad con libertad", con el que quedaron rotas definitivamente las cadenas de los treintiún años del régimen. Ya lo dijimos: la era de Trujillo comenzó con merengue y terminó con merengue.  
       Mucho antes de eso, cabe mencionar a otro Franco: Don Pipí Franco (1912-1978), autor del celebrado "Arroyito cristalino", compositor notable y quien fuera la voz principal de un conjunto que en los años cuarenta dirigiera el ya nombrado Luis Alberti: la orquesta "Presidente Trujillo", de interpretación tan excelente que impresionaron al gran director de música clásica Leopoldo Stokowsky, hasta el punto de grabar para este reputado maestro una serie de piezas.
       También pertenecía al elenco de LVD, Alberto Beltrán (1924 - 1997), negro macizo nacido en La Romana. Beltrán fue un muchacho pobre que aprovechaba su bien timbrada voz para vender toda clase de cosas para subsistir, hasta que en 1947 ganó un concurso en la emisora de Petán. Entonces firmó como artista exclusivo. En 1957 logró viajar a Cuba por primera vez; y una vez allí, de la mano de Tirso Guerrero, llegó a la Sonora Matancera, que era el sueño de todo músico. Con ella grabó "El negrito del batey", "Todo me gusta de tí", "Aunque me cueste la vida". Recordamos a la cantante especializada en tangos Lita Sánchez, que era acompañada por el maestro argentino del bandoneón, Angel Bussi, quien en medio del entusiasmo, decidió incluso nacionalizarse dominicano. Directores de orquesta eran Antonio Morel, el ya nombrado Papa Molina, entre otros. Las orquestas: La San José, La Angelita y La Melódica. También formaban parte del elenco de la mencionada emisora la delicada Teresita Basilis, Fellita Puello Cerón, Criolla Hidalgo, Inés Gelabel, Lucía Félix, Luis Vásquez,  así como el tenor de la voz de terciopelo, Jerónimo Pellerano (1927 1991) que tuvo destacada participación en algunas zarzuelas y que brilló también en la interpretación de canciones románticas como "La noche que te conocí" de Federico Asmar Sánchez.
       En el canto clásico encontramos a Ivonne Haza (1938) y a Violeta Stephen, probable encarnación en la tierra de un par de ángeles escapados temporalmente de la corte celestial. Ambas, casualmente nacidas en San Pedro de Macorís. La primera hizo estudios en el Conservatorio de Santa Cecilia, Roma, y tuvo laureadas presentaciones además de en su natal República Dominicana, en Estados Unidos, en Cuba y Puerto Rico y ha grabado numerosa música. La segunda, doña Violeta Stephen (1929), ganó una beca para estudiar en la academia de canto de La Voz Dominicana en 1949, al interpretar la célebre canción de Agustín Lara, "Granada". Estuvo por Italia, y se presentó con mucho éxito ante variados auditorios.
       También el tenor Arístides Incháustegui (1938), quien a sus dotes de músico y excelente cantante, auna las de historiador y hombre culto. Es una de las personas que más ha hecho por la divulgación de la buena música. En La Voz Dominicana estaba el tenor de sólida formación musical, don Rafael Sánchez Cestero (1912 1999), a quien ya hemos  mencionado como uno de los profesores de la escuela de canto de la citada emisora. A este señor lo recordamos elevar sus notas por los cielos, sin ningún aparente esfuerzo, hasta el sitio mismo donde Dios tiene instalado su palco, para cuando decide escuchar las cosas hermosas que, a ratos cantan los hombres.   

La escuela de locución se engalanó con nombres que podían brillar como soles en cualquier firmamento: Ramón Rivera Batista, voz de oro y maestro de ceremonias sin par, que debería ser objeto de permanente homenaje; J. A. Núñez Fernández, Jaime López Brache, Bruno Pimentel, Homero León Díaz, María Cristina Camilo, primera mujer que hizo el papel de presentadora en televisión. También son recordados los locutores que con interjecciones vibrantes de emoción gritaban ¡muertooooo!, al enumerar los nombres de los expedicionarios de la invasión antitrujillista de Constanza, Maimón y Estero Hondo, los llamados "héroes de la raza inmortal". Eran especialmente los siguientes: Guillermo Peña, Bubito Félix, Luis Acosta Tejeda (Mi Paso por la Cuarenta. Un Testimonio, Fredy Bonnelly, Ed. Mediabyte, págs. 20-21).

Otra parte más festiva, el circo que encubría la violencia de la era, las vejaciones y maltratos sobre miles de ciudadanos, la denominada "Semana aniversario", la primera de agosto, con la que Petán celebraba cada año el inicio de su incursión empresarial en los predios del arte, devino en el acontecimiento cultural más importante, de naturaleza histórica, esperado con ansias por el pueblo dominicano. Y meta de los mejores artistas extranjeros, que así de célebre llegó a ser el evento magnífico. En el curso de las diecinueve "semanas aniversario" que logró celebrar, el público pudo disfrutar de figuras como el versátil Tin Tan, cómico y cantante; de Tony y Luis Aguilar, intérpretes de corridos y rancheras mejicanas, al igual que del maestro del 'falsete' Miguel Aceves Mejía. Estuvieron también Pedro Vargas, bolerista con voz diamantina. Se hicieron presentes, entre otras, la escultural vedette María Antonieta Pons y la dama del mechón, Tongolele. La fulgurante estrella cubana Celia Cruz; la dama del tango, Libertad Lamarque.
       Estuvo también, el más grande artista mexicano de todos los tiempos: Pedro Infante quien, con su habitual simpatía y sencillez llegó manejando él mismo el carro que le fuera asignado por la empresa, para sorpresa del público que lo esperaba delirante. Luego de la trágica muerte de Pedro, ocurrida una mañana de abril de 1957, estuvo llorando la tragedia su hermano Angel Infante. Además se presentó el Mariachi Vargas de Tecalitlán, Fernando Fernández. "El indio araucano", voz  viril de singular hermosura que arrasó con los aplausos de una fanaticada especialmente femenina. Luego estuvo Emilio Gálvez, el español José Luis Martínez, quien acompañado de su guitarra, poseía una de las voces más agradables que jamás hayamos escuchado. Cortijo y su combo, con su cantante Ismael Rivera, quien en el curso de los años devendría como uno de los mejores intérpretes de la llamada "salsa". El colombiano Carlos Pizarro, bolerista de sentida voz; los boricuas Bobby Capó y Daniel Santos. Los primeros integrantes del trío "Los Panchos". Los cómicos Verdaguer, Manolín y Shilinsky, Viruta y Capulina, la voz magnífica de Rafael Vásquez de México, el argentino Fernando Leyba, voz de ricos matices y tantos otros, que extenderían demasiado estas notas que de por sí han de ser breves.
       Ahora bien; no peque nadie de ingenuo, pensando que Petán pagaba a estos cantantes con las ganancias producidas por las actividades de RTVD, acrecentadas por los cuantiosos recursos que la presencia de estos artistas le generaban. Ilusión: Petán usaba tretas gansteriles para cumplir con estos contratos, usualmente elevados para la época. Tan pronto los dueños o administradores de fábricas y comercios de importancia dominicanos o extranjeros, se enteraban de que determinado artista vendría a la "Semana Aniversario", generaban en el acto un cheque no menor de quinientos pesos-dólar, pues sabían que bien pronto pasaría un mensajero a recogerlo  a nombre del "General", al que no debían en modo alguno desagradar (G. Gallegos, Trujillo: Cara y Cruz de su Dictadura, pág. 135). Conste que no era el dólar ni los pesitos devaluados de hoy.
       Por otra parte, tradicionalmente los artistas criollos pasaban  - y pasan - grandes trabajos; la mayoría vivía modestamente, y frecuentemente morían en la miseria y eran prontamente olvidados. Fuera ya los Trujillo del poder y del país, el gran Nicolás Casimiro - Colás para sus amigos -, vivía en una casita en la calle "La Guardia". Ya viejo, con una pierna menos a causa de la diabetes, solía andar por el barrio, muleta bajo al brazo, al caer el sol. En tales paseos acostumbraba repartir a los vecinos y a quien quisiera recibirlo, un papelito blanco doblado que al uno abrirlo no veía nada, pues no contenía seña ni frase alguna. Era sólo eso, un papelito blanco que un hombre sobre muletas daba al transeúnte. Cuando uno de esos vecinos le preguntaba: "pero Colás, ¿que significa esto?" El intérprete de "Flor de té", "Santa Cecilia", "El espejo" y tantas otras inolvidables canciones contestaba: "¡Ah, ya lo sabrás cuando yo me muera". Poco a poco Colás reveló su secreto: era una forma un tanto poética de que no lo olvidaran...........
       Porque Nicolás Casimiro, que fue un hombre nacido en Villa Mella, donde como se sabe vive una laboriosa comunidad integrada principalmente por negros y mulatos, era indudablemente un hombre de condición social humilde y personal, hasta el punto de sentirse afectado muy negativamente por su condición de negro. Así, dicen que una blanca y hermosa mujer de México, lo oyó cantar en un disco. Asombrada por esa voz tan virilmente bella, quiso ponerse en contacto con el artista y lo hizo mediante carta, en la que le pidió un retrato autografiado, como es usual en estos casos. Casimiro le respondió muy gentilmente, pero no se atrevió a mandarle una foto suya, sino que le envió una de su amigo y también magnífico artista, Armando Recio.
       Entonces la mujer dió otro paso: decidió viajar y conocer personalmente al hombre que tenía tan buena estampa como tan preciosa voz. Por supuesto, el pobre Colás tuvo que aceptar la humillación de la desilusión que él mismo había contribuido a fomentar, porque lo que comienza mal, usualmente termina mal. Eso cuentan, cosa que a estas alturas no sé si es del todo cierta, pero lo cuento porque pinta muy bien cuánto se valoraba en aquellos tiempos la maravilla de su voz, y al mismo tiempo, lo profundo del prejuicio racial en el artista así como en el período histórico que le tocó vivir.
       De hecho, algunas de las composiciones que interpretó eran bien trágicas. Por ejemplo ésta que reza:
"A veces me parece
que estoy demás en la vida
que se ha negado mi estrella
mi signo zodiacal.
Tal vez llegué muy tarde a este mundo
o temprano, ilegalmente,
porque lo que estoy pasando
sólo Cristo podría soportar.
En mí no hay providencia
no existe esperanza
Oyeme, Dios mío, si tú me faltaras
de nuestra existencia, ¿qué será?" 
Pues bien, murió el gran Colás, murió quien me lo contó, y aquí estoy yo recordando, y haciendo que otros recuerden al hombre que poseyó un talento único, pero que es recordado por lo que forzosamente es un pequeño grupo, no en función de su condición de artista extraordinario, si no por esa estratagema que se inventó para eternizarse en la memoria de sus conciudadanos, aunque seamos pocos. Y ojalá que eso conllevara a que los que lo oyeron cantar alguna vez buscaran nuevamente sus grabaciones; y a los que pueden, a editar nuevamente sus canciones excelentes.
       Algunos piensan que esto supone nadar contracorriente, porque hoy en día impera lo que no es arte ni podrá serlo nunca, no importa lo millones que deje, seguido por un público alienado que responde a la provocación sistemática de sus bajos instintos. Y es que ese supuesto arte carece de verdadera técnica, no requiere de esfuerzo y mucho menos de una sensibilidad cultivada por el estudio; tan solo de osadía y de gestos primitivos como el que da garrotazos sobre una pared de cemento solidificado sobre acero, cuando no del  movimiento convulsivo del animal en la época del celo. Pese a apariencias, hay signos de que no todo está perdido.  Todos los países mantienen el valor de sus artistas tradicionales; en Estados Unidos, por ejemplo, las colecciones del jazz, de sus artistas históricos y del rock clásico se promueven y venden por montones todos los días.
       El asunto es que mucho antes del extravío actual, Nicolás Casimiro sabía ya de la veleidad de nuestro público. Sabía cómo había sido recibido Eduardo Brito, barítono extraordinario, aclamado con delirio en el extranjero, pobremente recibido en su país y hasta insultado en plena actuación: "cállate limpiabotas", le llegaron a vociferar algunos necios, recordándole su pasado humilde. Claro que, para colmo, la  "mala suerte" acompañó siempre a Brito: en la plenitud de sus facultades, actuando en Estados Unidos, se presentó la gran depresión de 1929. Y cuando en España su desenvolvimiento como barítono de primera magnitud causaba furor entre el público, estalló la guerra civil. Cuando regresó a su patria, ya estaba enfermo. Y por supuesto, cuando la terrible enfermedad se hizo patente, haciendo de él un loco agresivo (tenía neurosífilis), fue encerrado en el manicomio, aislado y olvidado hasta por los suyos.
        La llamada "Espiga de ébano", Rafael Colón, no solamente se ganaba la vida como trovador; ejerció oficios humildes, pues del solo canto no pudo vivir nunca. Tony Curiel, voz de tenor que como ya quedó dicho, paseó su canto por diversos países, vivió con relativo decoro al final de sus días porque era mecánico dental. Y eso, que podía moverse con soltura como pocos, tanto en el ambiente clásico como en el popular. 

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